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“En la montaña nos cuidamos entre todos” el mensaje que dejaron los guías del Lanín tras un rescate histórico
Los guías de montaña Ricardo Calderón y Ezequiel Caporaletti relataron en FM de la Montaña cómo fue la búsqueda que mantuvo en vilo a toda la ciudad. Las voces de Fermín y Manuel Ibañez, los mellizos que sobrevivieron al drama, ponen emoción a una historia que rozó la tragedia
Durante horas, San Martín de los Andes vivió en vilo. Los titulares hablaban de un “increíble rescate en el volcán Lanín”, pero lo que hubo detrás de ese titular fue coraje, instinto, trabajo en equipo y un profundo sentido de humanidad.
Ricardo Calderón y Ezequiel Caporaletti son guías de montaña. Conocen el Lanín como pocos, pero lo que vivieron hace unos días quedará marcado en sus vidas. Ellos fueron quienes encontraron con vida a los mellizos Fermín y Manuel Ibañez Azumendi, tras una noche de incertidumbre, viento blanco y temperaturas extremas en la cara sur del volcán.
“Estábamos cansados, veníamos de guiar otro ascenso con viento puelche, pero cuando nos avisaron, no dudamos”, contó Ricardo.
“No lo pensamos dos veces. Sabíamos que había que salir, y salimos”, agregó Ezequiel.
Los mellizos, de 22 años, tenían experiencia en montaña. Habían escalado en Austria y realizado varias ascensiones familiares junto a su padre, Jesús Ibañez, un reconocido montañista local. Pero el Lanín, cuando se enoja, impone respeto. “Cambió el clima de golpe —explicó Ricardo—, y cuando el Lanín se enoja, se enoja rápido”.
La noche interminable
Todo comenzó cuando se perdió contacto con los jóvenes. Tenían un radio VHF y un equipo satelital, pero la comunicación se cortó al caer la tarde.
“Jesús empezó a sospechar cuando no respondían. A las seis de la tarde activamos el protocolo con Parques, el ICE, y también con gente conocida que podía ayudarnos”, recordó Calderón.
El helicóptero que finalmente participó del rescate fue contratado de manera privada por la familia Ibañez. “Nosotros fuimos la avanzada”, detalló Ezequiel. “Sabíamos que el operativo venía detrás, pero teníamos que ganar tiempo. A esa hora, el clima no perdonaba”.
Los jóvenes habían armado una cueva en la nieve para refugiarse, pero una ráfaga descomunal de viento los arrasó. “Se los llevó. Uno se cayó con la bolsa de dormir, el otro fue a rescatarlo y también cayó. Se quedaron sin la radio, sin el equipo satelital y sin parte de la ropa. Ahí empezó todo”, relató Ricardo.
“Cuando lo encontramos a Fermín, tenía una sola bota. Pensamos que se la había arrancado un golpe, pero se le salió en ese momento, cuando cayó”, recordó.
“Estaba sentado sobre una piedra, duro, entregado”, describió con voz entrecortada.
El encuentro con la vida
Ezequiel fue el primero en verlo. “Me acerqué, le cubrí las manos. No tenía guantes. Le pregunté si estaba lastimado. Apenas podía hablar, tenía la boca congelada. Fue durísimo”, dijo.
“Nos contó lo que había pasado con su hermano. No teníamos muchas esperanzas, pero seguimos buscando. Teníamos un límite de tiempo y de terreno, porque no teníamos equipo de escalada pesado. Y cuando dijimos ‘hasta acá’, nos dimos vuelta… y ahí estaba Manu.”
“Apareció caminando. Era una imagen fantasma, pero viva. Fue un milagro”, dijo Ricardo.
“El helicóptero ya se estaba yendo, pero alcanzamos a dar aviso. Llegó justo.”
El piloto Tommy Bosio logró maniobrar en condiciones extremas. “Sin él, no lo contábamos como una buena noticia”, reconocieron.
También destacaron la labor del guardaparque Pailacura, del equipo del ICE, del CAX, de Agustín Almaza en comunicaciones, y del propio Jesús Ibañez, que supo mantener la calma y transmitir información con precisión.
“Hubo un gran trabajo en equipo”, coincidieron. “Nosotros los encontramos, pero los chicos del helicóptero los sacaron. Si no volaba Hely, estaríamos hablando de otra historia”.
Las voces que emocionan
Después del rescate, las palabras de los mellizos conmocionaron a todos.
“Quería agradecer a todos los que participaron del rescate, al CAX, al ICE, a la empresa que contrató mi familia, y especialmente a Ezequiel Caporaletti y a Ricardo Calderón por habernos encontrado. Gracias a ellos hoy puedo estar acá, mandando este mensaje”, dijo Fermín, conmovido.
Y luego llegó el audio de Manuel:
“A pesar de que no tenían la obligación, vinieron igual, contra todo pronóstico, sin esperar a nadie. Subieron a buscarnos a las cuatro de la mañana, y nos salvaron la vida. Gracias a ellos hoy estoy hablando y feliz de poder continuar mi vida.”
Son palabras que erizan la piel.
“Tenemos una nueva familia”, dice Ricardo.
Ezequiel asiente: “A cualquiera le puede pasar algo en la montaña. Nos cuidamos entre todos.”
Un mensaje que trasciende
El rescate del Lanín dejó enseñanzas profundas.
“Hay que dejar el ego de lado”, reflexionó Ezequiel. “Esto lo hicimos de corazón, sin poner el nombre de ninguna empresa. Cuando hay vidas en juego, lo que importa es actuar rápido y con solidaridad.”
“Y entender —agregó Ricardo— que en la montaña nos cuidamos entre todos.”
Hoy, los guías ya preparan un nuevo ascenso. El cansancio sigue, pero también la gratitud.
La ciudad respira aliviada. Los mellizos Ibañez están con vida. Y detrás de esa buena noticia hay dos hombres —y muchos más— que honraron con su acción el espíritu de la montaña.