Guardar o no guardar… esa es la cuestión.

Cada vino en su lugar

Guardar o no guardar… esa es la cuestión.

En este drama de botellas y pasiones, donde el tiempo teje promesas de grandeza, y el presente susurra placeres fugaces, surge la duda del bebedor: ¿Guardar para mañana o brindar hoy?

Cada vino en su lugar

Guardar o no guardar… esa es la cuestión.

En este drama de botellas y pasiones, donde el tiempo teje promesas de grandeza, y el presente susurra placeres fugaces, surge la duda del bebedor: ¿Guardar para mañana o brindar hoy?

Guardar o no guardar… esa es la cuestión.

Desde que tengo uso de razón, muchos años antes de ingresar en este mundillo vinícola, escucho que los vinos que se guardan son mejores que los que no lo hacen. Tiempo después y superando con creces el promedio de consumo anual per cápita de nuestro país, puedo decir que es muy relativo. De hecho en las catas donde compartimos experiencias, pregono la idea de no guardar el vino, sino disfrutarlo. No esperar un momento especial, sino crearlo. 

Y lo sostengo desde un fundamento esencial… no sabemos cuando vamos a dejar este plano físico donde podamos descorchar el último vino, saborear la última copa y pasar a tomar mates desde el Cosmos. Entonces quizás ese vino especial cosecha 1998, 2005 o 2011 que guardabas se lo termina tomando un cuñado, un yerno que no conociste o un nieto en un pre poniéndole Fanta al grito “rompámos todos los vinos del abuelo”. Entonces, estimado lector mi primera recomendación es que tomes ese vino hoy, esta noche, o mañana… no más. 

La pregunta es: ¿Es la paciencia una virtud?, ¿O está en el placer inmediato el verdadero arte del vino? Exploremos un poco entonces tendencias y consejos si lo que decidiste es guardar vinos, porque, en el fondo, la respuesta no es universal: depende del vino, del momento y de quién sostiene la copa. 

¿Cuándo vale la pena guardar vinos?

Según los expertos del rubro, solo un pequeño porcentaje —alrededor del 10%— de los vinos producidos a nivel mundial mejora significativamente con el tiempo.

Los grandes tintos, como los Cabernet Sauvignon de Bordeaux, los Barolos italianos o los Malbec de alta gama de Mendoza, suelen ser candidatos ideales para la guarda, gracias a su estructura tánica y acidez equilibrada. Entre los blancos sólo un selecto grupo como los Chardonnays de Borgoña o ciertos Rieslings alemanes, sin embargo, la mayoría de los vinos modernos —especialmente los de consumo masivo— están diseñados para disfrutarse jóvenes, en los primeros dos a cinco años tras su cosecha. Entonces, ¿cómo saber si un vino debe guardarse? Aquí van algunos indicadores:

Estructura del vino: los vinos con robustos taninos, buena acidez y concentración de fruta suelen envejecer bien. Otras veces algunas bodegas indican en la contraetiqueta si el vino está pensado para envejecer o el posible potencial de guarda 

Consejos prácticos para guardar vino

  • Temperatura constante: Mantené el vino entre 12-16°C. Las fluctuaciones térmicas son el peor enemigo de una botella. Las cavas climatizadas son ideales, pero un armario oscuro y fresco puede funcionar.
  • Humedad: Ni altísima ni baja, no es un enemigo la humedad porque ayuda a evitar que los corchos se sequen. Situación ideal: 60-70% de humedad en el ambiente
  • Oscuridad: La luz, especialmente la UV, puede degradar el vino. Guardá las botellas en un lugar oscuro sin que la luz directa de en ellos. 
  • Posición horizontal: Esto mantiene el corcho húmedo y evita la entrada de aire.
  • Mínimas vibraciones: Las vibraciones constantes pueden alterar los sedimentos. Evitá lugares cerca de electrodomésticos ruidosos.

Ojo, incluso con el mejor almacenamiento, no hay garantías. Un vino puede no evolucionar como esperabas, o podrías abrirlo demasiado pronto o tarde. Beberlo joven, en cambio, es una apuesta segura, pero ¿vale la pena renunciar a la magia de un vino en su momento más alto?

El dilema: guardar un vino promete una posible recompensa futura, pero también conlleva riesgos. Un mal almacenamiento puede arruinar una botella, y no todos los paladares disfrutan de los sabores terciarios (cuero, tabaco, frutos secos) que desarrolla un vino maduro. ¿Y si ese momento perfecto nunca llega? Quizás el vino es una metáfora de la vida ¿Apostamos por el futuro, con sus promesas y riesgos, o abrazamos el presente, con su certeza efímera? Cada botella es una elección, un acto de fe en el tiempo o una celebración del ahora. Mientras lees esto, quizás tengas una copa en la mano o una botella esperando en la bodega. La próxima vez que te enfrentes a esa disyuntiva, recordá: no hay respuesta incorrecta, solo momentos que merecen un brindis. Y como dice un tal Gustavo Cerati… “Siempre es hoy”. 



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