Por Maia Coletto
La ciencia como materia no exacta
Nicolás Palanca es un biólogo español, investigador y divulgador científico que a lo largo de su vida ha participado en múltiples proyectos, en distintos países como Alemania y Chile. Es el creador del podcast “Biología de tranquis”, donde habla de variadas terminologías científicas con un vocabulario comprensible para todos los públicos. Desde la infancia hasta sus proyectos actuales, la biología atravesó cada etapa de su vida.
Nico era consciente de que estaba siendo testigo de algo increíble. De algo que pocas personas pueden presenciar. Las neuronas cantaban. Pip pip pip le enseñaba Palanca al cerebro de la lechuza mediante electrodos, pip pip pip se acoplaban las neuronas y repetían. “Era un proyecto dificilísimo. Técnicamente, el trabajo que yo realizaba lo sabrá hacer un puñado de personas en el mundo. Era un privilegio poder hacer esas cosas tan increíbles”.
Pero para llegar hasta ese momento que quizás fue uno de los más emocionantes en su vida, recorrió un largo camino que empezó en su infancia. “Mi padre es un profesor de biología, que también es fanático de la biología. Entonces yo siempre estuve rodeado de ranas en la nevera, disfrutaba de tener huesos de animalitos y todas esas cosas”. Con el paso de los años, su padre comenzó a llevarlo a los Pirineos a hacer trabajo de campo, y el enamoramiento de Nico hacia la naturaleza se acrecentó. Finalmente, terminó recibiéndose de biólogo en la Universidad de Vigo, en el 2011.
Nicolás sonríe cuando se acuerda de su juventud. Al terminar su licenciatura, apostó por buscar un doctorado en un país extranjero, consiguiendo un puesto para participar en un proyecto que llevaba adelante la universidad alemana de Oldenburg. Consistía en neurociencia sensorial, enfocada en estudiar las neuronas que usan las lechuzas para localizar el sonido. Dentro de los cuatro años que duró esta etapa de su carrera, Palanca atravesó diversos desafíos, como tener que comunicarse en inglés con sus compañeros de equipo y aprender algunas palabras en alemán. También tuvo un gran dilema emocional: se dio cuenta de que “no era tan fuerte como pensaba. Para realizar los experimentos, que no eran muy frecuentes ya que la lechuza es un animal muy valioso, se la debía anestesiar para que su cerebro a cielo abierto pudiese responder adecuadamente a los estímulos, y la sesión terminaba cuando el animal no podía más y moría”.
Como sucede tantas veces en la ciencia, la búsqueda de objetividad no logra desprenderse por completo de la ética ni de las complejidades propias del ser humano. Un ejemplo claro es el caso de Crispr - cas, que actúa como unas tijeras moleculares para el ADN, permitiendo cortar, modificar o reemplazar un gen. “Esto fue descubierto por un equipo que estudiaba los sistemas de defensa antivirus de las bacterias extremófilas termales, la cosa más absurda por la cual nadie te va a pagar para estudiar”, explica Nico. El problema es que detrás de este gran descubrimiento, hay una batalla legal multimillonaria por la patente de la tecnología CRISPR-Cas9. Enfrentó a la Universidad de California con el Instituto Broad del MIT y Harvard. Finalmente, la justicia falló a favor del Instituto Broad.
-¿No se supone que más allá de quién tiene la patente o a quién le pertenece el descubrimiento, en realidad lo importante es el avance de la ciencia?
-En realidad, es un tema complejo. Por ejemplo, en este caso, la edición genética se financia gracias a alguien que quiere desarrollar la tecnología con un montón de dinero y trabajo. Entonces, ¿le vas a negar que luego no le “pertenezca” ese descubrimiento fruto de todo ese esfuerzo? Es un poco feo y la ciencia me parece que no debería funcionar exactamente así, pero al final la tienen que hacer los humanos. Si lo pudieran hacer marcianos perfectamente dedicados a sus cosas y no tuvieran ni ambiciones ni nada, pues sería diferente.
Palanca entonces, rememoró con nostalgia sus años de post doctorado en Chile, en la Universidad de Valparaíso. Allá por el 2017, mediante la obtención de becas, tuvo la oportunidad de llevar a cabo una investigación donde se analizaba a los degus, unos roedores endémicos de Chile Central que, aparte de ser inteligentes, viven muchos años. Así es como llegan a hacerse ancianos y a deteriorarse, llegando a mostrar marcadores moleculares de la enfermedad de Alzheimer, lo cual es poco común en otros animales que no sean humanos. “En la retina ocular hay un tipo especial de células pigmentadas, y en anteriores estudios en humanos, se observó que esas células estaban especialmente deterioradas en pacientes con neurodegeneración de tipo Alzheimer. Así que lo que yo planteaba era que podíamos detectar qué degus van a desarrollar Alzheimer cuando se les fastidia el reflejo pupilar. De esta manera, tú podrías ir a la óptica, te hacen la prueba de forma rutinaria y del momento que tienes un defecto de contracción te dicen, “oye, ve al neurólogo, no vaya a ser que haya algo más aquí”. Yo lo veía como un biomarcador, nada invasivo, ni doloroso”.
- ¿Y cómo llegan a plantear ese tipo de estudios? Porque son planteamientos muy precisos.
-Me gusta decir que estamos a hombros de gigantes. Hay mucha gente que ha trabajado muchísimo para estar donde estás tú. Y debes ser consciente de que en realidad estás aportando un pequeño granito de arena con lo que haces. En general ningún científico, excepto algunos privilegiados que son genios, se saca un proyecto innovador de la nada absoluta. En este caso ya existían los degus, ya se sabía que tenían esas peculiaridades y ya se habían hecho proyectos en ese mismo laboratorio de salud ocular con los degus pero viendo si desarrollaban glaucoma. Por lo general, el orden es así: se piensa e idea el proyecto, se plantea un plan, se eligen y marcan las referencias con mucho cuidado… Y si tienes suerte el Estado te da dinero para hacerlo.
-Claro, a la ciencia se la ve como muy individual, muy de fulano científico dijo esto o pensó esto, pero vos ahí estás nombrando que estuviste hablando con otro, que fue un trabajo en equipo. Entonces, si bien quizás los nombres que se recuerdan son poquitos, son varias personas las necesarias para llegar a conclusiones, teorías, resultados…
-En el mundo científico existe la mitología de la ciencia, porque está Einstein, Newton, Galileo… Por ejemplo, a Newton no sé qué le pasaba, le llegó un rayo cósmico de inspiración que el tío desarrolló una rama de la matemática de la nada. Hay gente así, pero hay muy poca. Yo siempre pongo de ejemplo a Galileo, que es muy famoso, pero que en su tiempo lo que sacó Galileo fue en base de ideas que ya estaban rondando por ahí. Es como que existen estas ideas colectivas y de repente hay una persona que es la elegida para desarrollar. Se encausa todo ahí. Pienso que, si a Galileo le hubiera atropellado un carro de caballos a los doce años, alguien más habría hecho lo mismo, tarde o temprano, igual de otra forma, pero la cosa estaba en el ambiente. Siempre sigues una línea de estudio que lleva doscientos años desarrollándose de gente en el laboratorio. Y tú, es tu momento, has llegado y vas a poner tu propia contribución para los que lleguen después.
Otra manera que encontró Nico de contribuir fue a través del podcast “Biología de tranquis”, que empezó un año antes de la pandemia, en octubre del 2019. Se le ocurrió la idea cuando empezó a ir al gimnasio y escuchaba por los auriculares podcasts de distintos géneros para no aburrirse.
Siempre atravesó una cierta frustración con la divulgación científica, acentuada por la época que transitamos donde conviven la sobreinformación y desinformación. Entonces, decidió empezar su propio programa. Creó un personaje narrador de voz pausada, tranquila y amistosa que poco a poco explica hechos científicos con un lenguaje fácil y accesible para el público que no está tan adentrado en esos términos científicos. En la actualidad, Biología de tranquis está en un receso. Lo cierto es que todo el proceso de preproducción y luego de grabación y edición del audio, le lleva mucho tiempo y trabajo. Con el amor de un padre que habla de su hijo, Palanca explica que quiere continuar haciéndolo, pero cuando cuente con la energía, el tiempo y los recursos necesarios para “hacerlo bien”. De todas maneras, los más de cien capítulos publicados están disponibles en las plataformas de audio como Apple Podcasts o Spotify. Hoy en día, Nico revela que está trabajando en un nuevo proyecto: publicar en forma de libro los episodios de Biología de tranquis, agregándole algunos apartados que no se encuentran en formato de audio.
La ciencia entonces, no es exacta. No es imparcial. Está hecha por humanos. Humanos que, ladrillo a ladrillo, con todos los egos, individualidades y también ese espíritu místico de contribución a la humanidad, van construyendo una casa tan antigua como lo es la curiosidad humana. Lo interesante de esta estructura es que cuando le hacemos zoom, está llena de historias únicas, como la de Nicolás Palanca.