2025-08-01

Estancia Chimehuin

Un vino que desafía al frío 

El río Chimehuín murmura historias desde la cordillera con sus aguas de deshielo que atraviesan el Lago Huechulafquen y serpenteando valles busca encontrarse con el Río Collón Curá. 

Después de atravesar la Ruta 40, tiene una compañera que lo mantiene vigilado, la Ruta 49, un camino algo castigado pero que nos lleva a un lugar donde nació una valiente idea: hacer vino donde las heladas no dan tregua y el clima propone desafíos y aprendizajes constantes. 

Esta idea comenzó en 2004 cuando Magdalena Bustillo decidió apostar por un sueño que parecía imposible. Hoy, ese sueño tiene aroma a fruta negra madura, a paciencia, a pimiento rojo, a constancia y se traduce en el carácter particular de Estancia Chimehuin, los vinos producidos allí. 

Magdalena, junto al INTA, pensó primero en arándanos, pero la tierra patagónica susurró otra idea: uvas. No cualquier uva, sino las que pudieran resistir un clima donde el invierno muerde y el verano apenas acaricia. Así, en una parcela experimental, plantaron once variedades, tintas y blancas, buscando descifrar cuáles podían madurar bajo el cielo de la región. Fue un desafío sin manual: sin datos vitivinícolas previos, una hoja en blanco, con un suelo sin período libre de heladas y con el agua de vertientes que se desvanecía como un espejismo.

Los primeros años fueron de lucha. Las vides, como pioneras en tierra virgen, enfrentaron vientos helados, suelos reacios y la falta de electricidad o manos expertas. En 2011, el INTA dejó el proyecto, y en 2012, un nuevo administrador tomó la posta. Poco a poco, las plantas se aclimataron, como si entendieran que su destino era echar raíces en ese rincón del mundo. Se mejoraron los sistemas de riego, se construyeron reservorios para capturar cada gota, y se implementó un ingenioso sistema de aspersión para combatir las heladas, con personas encargadas de controlar las noches más frías. Mucho tuvo que ver en este avance positivo la Ingeniera Agrónoma Clara Rubio, quien hoy se encarga de la producción y llevar adelante este reto. 

Con el tiempo, la experiencia fue dando frutos –literalmente–. Merlot, Pinot Noir y Malbec se alzaron como las reinas tintas, mientras que Chardonnay, Gewürztraminer y Sauvignon Blanc entre las blancas. Cada variedad fue seleccionada por sus condiciones de madurar en un lugar donde la naturaleza no regala nada. Hoy, la estancia cuenta con personal capacitado del Valle de Río Negro, expertos en poda, desbrote y cosecha, que aportan valor agregado.

La cosecha, certificada orgánica, se hace a mano en un solo día, y esa misma noche, las uvas viajan rumbo a General Roca, Río Negro, donde el reconocido enólogo Marcelo Miras traduce estas uvas a vino. 

De momento, el vino que podés encontrar de la Estancia es su Blend Tinto Reserva, que reposa en barricas de roble francés de primer uso, un vino que concentra el carácter indómito de la Patagonia. Pero la historia no termina ahí. En la Estancia Chimehuin, el horizonte siempre está en movimiento. Las próximas cosechas prometen más variedad, con nuevos tintos y blancos que seguirán desafiando las reglas. Además, el sueño de certificar sus vinos como orgánicos está más cerca que nunca, un guiño a la tierra que los vio nacer.

¡Salud, Patagonia!

¿Cómo conseguirlo? 

Encontralo entre los vinos de Trajevinos en su Instagram o al WhatsApp 11 56474544. También en El Regional, Av. San Martín 950 y en los Restaurantes Quinto y Paraje Lolog. 

 

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