Clasificación de vinos
Reservas, Gran Reserva…
Muchas veces el mundo del vino es claro y brillante, pero también puede ser oscuro y profundo. Que si los vinos son Reserva, Gran Reserva, roble, sin madera, jóvenes, añejos, estiba, términos que se mezclan y suman confusión, por eso aquí vamos a hablar un rato sobre la clasificación de vinos en Argentina.
En nuestro país, la clasificación de vinos en categorías como jóvenes, reserva y gran reserva es una práctica que refleja el tiempo de crianza y en algunos casos puntuales, la calidad del producto. Estos términos, aunque ampliamente utilizados, están regulados por la legislación argentina, pero también muestran diferencias con estándares internacionales.
Exploremos estas categorías, su marco legal y cómo se comparan con el mundo:
Vinos jóvenes son aquellos que se embotellan poco después de la fermentación, sin crianza en madera o con un paso breve por barrica (generalmente menos de 6 meses). En Argentina, estos vinos destacan por su frescura, aromas frutales intensos y taninos suaves, ideales para consumir dentro de los primeros dos años tras la cosecha. La legislación no establece requisitos específicos para esta categoría, lo que da flexibilidad a las bodegas para definir su estilo.
Vinos reserva requieren un mínimo de crianza, según la Ley General de Vinos (Nº 14.878) y su reglamentación. Para tintos, se exige al menos 12 meses en barrica de roble y un tiempo adicional en botella, mientras que para blancos y rosados, el período en madera es de 6 meses. Estos vinos ofrecen mayor complejidad, donde pueden aparecer notas de vainilla, especias y madera integradas, y suelen estar diseñados para un consumo óptimo entre 3 y 7 años.
Gran reserva, esta categoría implica un proceso de envejecimiento más prolongado: al menos 18 meses en barrica para tintos y 12 meses para blancos, más un reposo en botella. Esta clasificación busca vinos de gran estructura, con taninos pulidos y aromas terciarios como cuero o tabaco. Aunque no todas las bodegas usan este término, su uso está regulado para garantizar calidad y consistencia.
La legislación argentina, a través del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), establece estos mínimos de crianza para proteger al consumidor y estandarizar la calidad. Sin embargo, a diferencia de países como España, donde las denominaciones (como Rioja) imponen reglas estrictas de tiempo y tipo de barrica, Argentina permite mayor flexibilidad, dejando espacio para la creatividad de los enólogos, lo que resulta en estilos variados dentro de cada categoría.
A veces también nos encontramos en la etiqueta con la palabra “Roble” esto se aplica a todos los vinos que, sin tener crianza determinada en barrica, llevan algún empleo de maderas, sean chips o duelas o. Es un término que poco a poco va perdiendo uso.
En el contexto internacional, las clasificaciones argentinas se asemejan a las de países del Nuevo Mundo, como Chile o Australia, donde los términos reserva y gran reserva no siempre están regulados y suelen ser más un indicativo de calidad percibida. En contraste, en Europa, especialmente en Italia o Francia, las clasificaciones suelen estar ligadas a denominaciones de origen específicas, con reglas más rígidas. Así, un reserva argentino puede ser más accesible y frutal que un Riserva italiano, que prioriza la tradición y el terruño