¿Moda, revolución o nostalgia?
Los vinos naturales
Empezar por el principio suele ser lo más práctico para abordar este tema, entonces surge la pregunta, ¿Qué es el vino? La respuesta es simple: jugo de uva fermentado que, mediante la acción de levaduras, convierte el azúcar en alcohol. Listo, ya podemos empezar a beber.
En los últimos años han surgido términos que acompañan a la palabra vino: orgánicos, naturales, biodinámicos, entre otros. Nos detendremos en los naturales, que han tenido un auge en la última década. Se trata de una bebida producida con la menor intervención posible, tanto en el viñedo como en la bodega. Su elaboración prioriza el respeto por la uva, reduciendo al mínimo o eliminando el uso de químicos y aditivos durante todo el proceso.
Aunque no todo es color rosé: algunos críticos argumentan que la falta de regulación y aditivos puede llevar a sabores inconsistentes, pero en Argentina se está demostrando que la naturalidad no es incompatible con la excelencia.
Desde otro punto de vista, no hay una definición oficial para los vinos naturales, lo que genera continuos debates. Por ejemplo, algunos sostienen que todo vino es inherentemente natural, dado que su única materia prima es la uva fresca.
Las grietas es siempre son polémicas: hay quienes solo beben vinos naturales, auténticos fundamentalistas de este tipo de vinos, y hay quienes los denostan (incluso productores legendarios). Los primeros priorizan la autenticidad de un terruño determinado; los segundos están convencidos de que, si bien el vino nace en el viñedo, hay que controlar, intervenir y corregir para obtener un producto sano, con estructura y sin inconsistencias. ¿Entonces? ¿Son una moda, un grito de rebeldía contra el maquillaje industrial o un regreso a las raíces de la vid?
Hablemos un poco más técnico, pero ameno: los vinos naturales son el jugo de uvas orgánicas o biodinámicas, cosechadas a mano, fermentadas con levaduras nativas, y sin aditivos químicos. Nada de sulfitos agregados (o solo un toque mínimo, menos de 20 mg/l). Es vino “desnudo”, sin correcciones ni artificios, que refleja el terruño como un espejo. Como dice Isabelle Legeron, la gurú francesa del tema, es vino que “no se le agrega ni se le quita nada” durante la vinificación. Simple, honesto, a veces impredecible, como un amigo que no se calla nada. El DNI de un terroir.
En un mundo con un declive importante en el consumo de vino, los naturales aumentan su porcentaje del mercado. La movida sober curious también impulsa esta tendencia, con consumidores buscando opciones más ligeras y saludables. Por ejemplo, en lo que va de 2025, el mercado global de vinos naturales creció un 25% (Wine Intelligence), y en Argentina, la demanda local subió un 15% desde 2023.
Hablando de números de nuestro país, los vinos naturales están ganando terreno a pasos agigantados. Según Vinodinámicos, en 2022 había casi 10.000 hectáreas de viñedos orgánicos, un salto del 150% desde 2018. Mendoza lidera con el 60% de la uva orgánica, seguida por La Rioja y San Juan. Bodegas como Stella Crinita (Ernesto Catena) y Chakana están marcando el ritmo. En 2024, el Instituto Nacional de Vitivinicultura reportó que se destinaron 1.5 millones de litros de vino orgánico al mercado interno. La Feria VIOS 2025, en Buenos Aires, espera reunir a 40 bodegas con etiquetas naturales. Sin embargo, la falta de regulación para el término “natural” genera conflictos, porque pueden aparecer zonas grises.
En este debate, lo que queda al descubierto es que se están escribiendo nuevas páginas en la historia del vino. Una historia intensa, fuerte y llena de matices. En un mundo lleno de filtros, hay vinos que se presentan al desnudo: los vinos naturales. ¿Probaste alguno?