Cultura

Ana Maya Fularska y el teatro local

Por Ana Maria de Mena

Ana Maya Fularska y el teatro local
06/10/2026

En los últimos tiempos tejía incansablemente los amigurumis coloridos que la entretenían. Su vida se fue apagando despacio y ayer nos enteramos de su partida en paz y rodeada de mucho amor.

Libre, valiente y decidida, se sabe poco de lo que aportó Ana Maya Fularska al quehacer cultural sanmartinense; entonces vale la pena recordarlo.

Oriunda de Inglaterra, llegó al país en 1949 a los dos años, en brazos de sus padres polacos, quienes también traían a su hermana Yiya. Cuando tenía trece se inició en el teatro vocacional de la mano del maestro José Carlos Bondi y de Hugo Burgos. Egresada del colegio secundario en 1963, fue la primera empleada de la sucursal local del Banco de la Provincia de Neuquén.

Algunos la llamaban “Polaca” y otros Hanusha. A los diecisiete fue a Neuquén donde cursó un año la carrera de Letras en la Universidad Nacional del Comahue, mientras trabajaba en la Gobernación. Regresó a San Martín de los Andes durante las vacaciones y después viajó a Buenos Aires, donde unos amigos de su familia, polacos, la ayudaron a conseguir trabajo. Allí hizo cursos vinculados con el arte dramático con Víctor Bruno, Alejandra Boero y Javier Mayol. Actuó en una obra de Bertlot Brecht en el teatro IFT y estudió Psicología en la UBA, entre otras cosas. Apasionada por el teatro asistía a todas las funciones que podía.

El 17 de setiembre de 1971, estando en el bar La Academia -frecuentado por escritores, tangueros y comediantes- vio entrar al actor Jorge Ramón Villalba con otros artistas. Le gustaba recordar que fue en una fecha capicúa. Fueron presentados y, jugando generala, los dados señalaron que sería pareja con el actor. Fue así en el juego y en la vida. Desde entonces empezaron a andar juntos y un año después ella se fue a vivir con él.

Doce meses más tarde alquilaron una vivienda en La Boca, el barrio de Benito Quinquela Martín con quien Villalba tenía relación, por haberse criado en un orfanato boquense. Allí residieron siete años en los que Ana siguió en la Universidad y estudió teatro. Estudiaba y trabajaba.

En 1974 nació Ramón Cruz, época en que se estrenó la película “La Patagonia rebelde. Algunos de sus intérpretes como Héctor Alterio y Luis Brandoni debieron exiliarse por las amenazas de la Triple A. Temerosos, los empresarios del espectáculo no contrataban a los actores de ese filme, entre los que estaba Villalba, quien hizo lo que pudo para sobrevivir.

Nuevamente embarazada, Ana dejó de ir a la universidad, lo que probablemente la salvó del acecho de la Triple A. Nació Faustina y para ayudar al sustento familiar hizo cajitas de madera pirograbadas, que se vendían como estuche de regalo en la chocolatería sanmartinense de sus padres.

Ana volvía al pueblo para las fiestas de fin de año y buscando una vida más saludable para sus hijos, convenció al esposo de mudarse y en 1981 la familia se radicó en San Martín de los Andes.

Deseoso de actuar, Villalba invitó a una reunión en la biblioteca popular 9 de Julio, en la que participaron personas que habían integrado los grupos teatrales Huellas y ANTA, a los que se sumaron algunos vecinos. Ana Maya lo acompañaba y, a la par, ayudaba en el comercio familiar.

No había una sala con escenario en el pueblo y como luego de inaugurado el edificio parroquial, la capilla San José era un depósito, Villalba pensó en la posibilidad de transformarla en teatro. No pudo convencer al sacerdote Ciro Brugna porque el párroco temía que hubiera espectáculos de revista y vedettes con poca ropa en ese espacio. También se oponían muchos vecinos.

Entonces Hanusha y su esposo viajaron a Bahía Blanca, donde estaban las autoridades de la congregación de las que dependía la parroquia. Como Villalba se había criado en un hogar salesiano, supo cómo encarar las charlas y convenció a los curas.

Ana Maya recordaba que la noche anterior a regresar, durante la cena, el marido le dijo “Polaca, creo que lo logramos”.

El matrimonio volvió contento y con novedades favorables. La Intendente Josefa Ragusi de Orazi, Pepita, ofreció a la iglesia a cambio del edificio que había sido capilla, 1.000 metros de madera de lenga que, al parecer, gestionó ante el Parque Nacional Lanín, para lograr la cesión del edificio.

Rafael “Gogo” Demateo facilitó un galpón para guardar los elementos depositados en la vieja capilla y así se desocupó. Ana y el grupo de teatro que asistían a las clases de Villalba, trabajaron rápidamente para convertirlo en teatro. El sacerdote pidió mantener el nombre de San José para el edificio.

El 4 de febrero de 1982 se inauguró el teatro San José, con un programa artístico nutrido. Por sugerencia de Ana Maya se incluyó un recital dedicado a la memoria de doña Bertha Koessler Ilg, con textos de Gregorio Álvarez, Horacio Fernández Bestchtedt, Miguel Andrés Camino, Irma Cuña y Milton Aguilar. Todos ellos, referentes de la cultura neuquina.

Un año más tarde, por Resolución 1127/83 la entidad Salesiana San Francisco Javier cedió a la Municipalidad los derechos sobre el terreno y el edificio y firmaron la documentación la Intendente Josefa Ragusi y el sacerdote Ciro Brugna.

Villalba invitó a especialistas que ofrecieron cursos en distintas disciplinas, aprovechando el entusiasmo que había generado contar con un espacio apropiado. Así llegaron el maquillador Hugo Grandi, los hermanos Trentuno expertos en efectos especiales, el dramaturgo Alejandro Finzi y el historiador del arte Samuel Dombek.

Ana Maya también acompañó las primeras ediciones de la Navidad Cordillerana y era anfitriona cuando llegaban actores de Buenos Aires para los ciclos de cine que se hicieron en la sala Amankay, con la presencia de sus intérpretes.

“Yo solo participaba en los ensayos porque debía ocuparme de los chicos y la chocolatería, pero cuando llegaban a dar un curso o venía algún elenco, se nos llenaba la casa de huéspedes. También los vecinos, hoteleros y comerciantes ayudaron mucho. Fueron días enriquecedores para el pueblo”, reflexionaba Ana Maya.

Un recuerdo simpático, lo cuenta Jorge Alberto Fernández cuando se representaba “Modelos de madres para recortar y armar”. Dice Jorge Fernández: “yo fui a verla con mi esposa, mi hijo Rodrigo de tres años y medio y mi mamá. En un momento apareció Ana Maya que representaba a una nena maleducada que recorría la sala molestando a los espectadores mientras su mamá, limándose las uñas le decía: “neeenaaa! y la chica la desoía. Cuando la ´nena’ pasó al lado de mi madre le quería sacar la cartera. Mi madre siguió el juego y Rodrigo sentado al lado no perdió detalle de lo que ocurría, sobre todo de la intención de la chica de sacarle la cartera a su abuela.

“Pasaron un par de meses y un día, estando con mi hijo en el supermercado Cumepen nos cruzamos con Ana Maya. Cuando la vio, Rodriguito me tironeó la ropa y entre susurros me dijo: "Mira papá... ahí está la nena que le quiso sacar la cartera a la abuela". Seguramente el niño quedó muy impresionado por esa actuación de Ana.

Culta, siempre se rodeó de artistas. La vida siguió su rumbo y el pueblo guarda muchas anécdotas para contar. Mientras tanto, este artículo es una muy breve semblanza de Ana Maya Fularska, quien alentó y acompañó las gestiones gracias a las cuales San Martín de los Andes tuvo su primer teatro.

Ana María de Mena

Fotos:

1 – Sentada, a la derecha en el escenario

2- Ana Maya maquillándose para una función

3 – A menudo sonriente

4 – La foto que eligió para su teléfono o móvil

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