Cada 18 de mayo, Argentina celebra el Día de la Escarapela , una fecha que recuerda la creación y oficialización de uno de los símbolos patrios más representativos de la identidad nacional.
El origen de la escarapela se remonta al 13 de febrero de 1812, cuando Manuel Belgrano propuso la creación de una insignia nacional que permitiera unificar los distintivos utilizados por las tropas revolucionarias.
Hasta ese momento, los distintos cuerpos del Ejército empleaban emblemas diversos, lo que generaba confusión en plena lucha por la emancipación.
Cinco días después, el 18 de febrero de 1812, el Primer Triunvirato —integrado por Manuel de Sarratea , Juan José Paso y Feliciano Antonio Chiclana— aprobó oficialmente el uso de la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, adoptando los colores blanco y azul celeste.
Estos colores provenían de la tradición borbónica, vinculada a la casa de Fernando VII , monarca ausente durante la ocupación napoleónica de España.
A lo largo del tiempo surgieron distintas versiones sobre su origen.
Una sostiene que los colores blanco y celeste ya habían sido utilizados durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 por milicias urbanas del Río de la Plata.
Otra indica que la escarapela fue empleada por primera vez por un grupo de damas de Buenos Aires durante una entrevista con Cornelio Saavedra , entonces jefe del Regimiento de Patricios, el 19 de mayo de 1810.
También existe una creencia popular que atribuye su creación a Domingo French , aunque los historiadores coinciden en que se trata de un error histórico.
Sí está documentado que durante las jornadas del 22 y 25 de mayo de 1810, patriotas repartían cintas blancas para identificar a quienes apoyaban la Revolución de Mayo, una acción en la que también habría participado Antonio Beruti .
La conmemoración oficial fue establecida recién en 1935, cuando el Consejo Nacional de Educación instituyó el 18 de mayo como Día de la Escarapela. Posteriormente, en 1951, la fecha fue incorporada al calendario escolar argentino.
Desde entonces, cada año la escarapela vuelve a lucirse en escuelas, instituciones y actos oficiales como símbolo de unidad, memoria e identidad nacional.