Salud mental
Hablar para prevenir: Carlos Soto y la urgencia de poner en palabras el suicidio
En Arriba Montañeses esta mañana dialogamos con Carlos Soto, acompañante terapéutico y suicidólogo, quien abordó una de las problemáticas más sensibles y urgentes de la actualidad: el suicidio. Con una mirada clara y directa, planteó la necesidad de romper el silencio social que rodea estos temas y fomentar espacios donde hablar sea posible.
Soto remarcó que uno de los principales obstáculos es el tabú. “Cuesta hablar de suicidio, pero no hablarlo lo vuelve más peligroso”, señaló, subrayando que muchas veces las señales de alerta están presentes, pero no son interpretadas o directamente se evitan. En ese sentido, insistió en la importancia de la escucha activa, sin prejuicios ni intentos inmediatos de “arreglar” lo que le pasa al otro.
Durante la charla, explicó que el acompañamiento no requiere ser un especialista, sino tener disposición para estar. “No se trata de tener todas las respuestas, sino de estar, de sostener, de no minimizar lo que el otro siente”, expresó. También hizo hincapié en que frases comunes como “ya va a pasar” o “no es para tanto” pueden resultar contraproducentes para alguien que atraviesa un momento crítico.
El suicidólogo también se refirió a los factores de riesgo, señalando que no hay una única causa, sino una combinación de variables emocionales, sociales y contextuales. Sin embargo, destacó que la soledad, la falta de redes de apoyo y la imposibilidad de expresar lo que se siente son elementos que suelen repetirse.
Otro de los puntos centrales fue el rol de la comunidad. Soto planteó que la prevención no depende solo del sistema de salud, sino también de la construcción de vínculos más atentos y empáticos en lo cotidiano. “Todos podemos ser un puente para alguien”, sostuvo.
Finalmente, dejó un mensaje claro: hablar salva. Generar espacios de diálogo, prestar atención a los cambios de conducta y animarse a preguntar puede marcar una diferencia. En un contexto donde el ritmo cotidiano muchas veces deja poco margen para detenerse en el otro, la propuesta es simple pero profunda: escuchar más, juzgar menos y estar presentes.